lunes, 8 de febrero de 2021

Un libro: "Memorias de un desmemoriado"

A veces sueño con escribir un libro.

Es un sueño heredado, se lo oí decir a mi padre y antes a mi abuelo materno: " quiero escribir un libro ".

Ellos no pudieron hacerlo. 

Así que de vez en cuando, alentado por este sueño heredado y por quienes generosamente me dicen "me gusta lo que escribes… o lo que dibujas", sueño, aún no está prohibido, y se me ocurren ideas: un libro con mis dibujos, un libro de viajes, o de retratos, una novela, una autobiografía.

Hace unos días soñé con esto último. 

"Memorias de un desmemoriado" pensé como título. Pero uno no es tan desmemoriado y recordé que me sonaba de algo, así que busqué por Internet: Memorias de un desmemoriado. Era el nombre de una exposición sobre Galdós que nunca fui a ver. Pero también el nombre de su criticada autobiografía.

Antes de leerla, si es que alguna vez la leo, leí algunas críticas y reseñas sobre esta obra suya.

Dibujo mío de una foto de Pérez Galdós y su perro en Gran Canaria

Parece ser que así tituló Pérez Galdós los artículos que fue publicando sobre su vida en la revista "La Esfera" en 1916, ya viejo, ciego, pobre y cansado, y pocos años antes de su muerte, en parte por la insistencia ajena, en parte por agradecimiento y búsqueda de ingresos de los que carecía.

Cuentan que incluso su título fue controvertido, por ser el mismo que el de otras memorias de un tal Ruiz Contreras, que insistió ante él y que fue quizás causa de que Galdós perdiese el interés y las dejase interrumpidas. Los trece o catorce capítulos o entregas fueron muy criticados por su brevedad, falta de calidad literaria y poco interés del autor en desvelar en ellos su vida privada o su proceso creativo, considerándose siempre una obra menor de Galdós.

Dibujo mío de la estatua de Galdos en la plaza de Don Benito

Pienso yo ahora si el escribir, o mejor dictar a alguien ajeno, a los setenta y tantos años, ciego, repleto de deudas, frágil de salud y boicoteado en su candidatura al Nobel en su propio país no sería ya de por sí suficiente razón para no esmerarse en demasía ni contar en exceso, y menos aún si además los destinatarios de su obra, suscriptores a una revista de lujo de la época, y Galdós lo sabía, tampoco tenían excesivo interés en saber de su vida y opiniones. 

Aquello quedó como quedó y dicen que en 1919, cuando por subscripción popular le erigieron una estatua suya en el Retiro, obra de Victorio Macho, ante gran público, pero también ausencias evidentes, el anciano Galdós, que no podía verla, pidió que le acercasen a ella para poder tocarla y de los ojos del anciano brotaron lágrimas. Aunque parece que no fue exactamente así. Lo cuentan en el blog MadridLaCiudad.

Foto mía de la estatua de Galdós en el Retiro

He leído un poco de aquellas memorias, y me parece evidente que desde el comienzo Galdós juega ya con la memoria y la desmemoria, con la identidad y la falsedad, con la realidad y la ficción, con el orden cronológico, y avisa ya que omitirá partes de la historia, como su infancia, hasta bromeando con lo que allí dejará escrito.

Pido pues disculpas por comparar, al menos en el título, mi nula historia literaria con el final de la muy extensa e importante de don Benito Pérez Galdós. Mi padre atesoraba en mi casa la roja edición de los tomos de sus obras completas, crecí con ellos, y alguna vez hojeé sus finas hojas intentando averiguar el secreto de tanta palabra escrita.

No me dio sin embargo, por leer sus obras. Lo mío fueron novelas de Salgari, Karl May o Jack London donde viajaba a tierras lejanas a luchar con los piratas o contra los indios o atravesar bosques inmensos de sur a norte, o de este a oeste, y las historias de Galdós me imponían respeto, me parecían… demasiado antiguas, cercanas y amargas. Así que nunca leí sus memorias, si es que estaban en aquellos tomos.

Bueno, puedo alegar en mi defensa a lo escrito en este artículo que en los sueños, hasta los más humildes, uno puede mirar al sol o acercarse a la gloria de los genios y no quemarse, imaginar escribir  y publicar obras maestras, y por qué no, como ahora, terminar en ellas, como aquí, presentando mis disculpas y respetos al mismísimo Galdós.

Me gustaría, eso sí, incluso despierto, seguir soñando que en el futuro, algún día, escribiré un libro.

O varios, por qué no.


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