jueves, 1 de febrero de 2018

Alegato por la libertad... de colores

En (por) principio yo creo que el color es libre, no debería asignarse ni a sexos, ni a razas, ni a países, ni a partidos ni a empresas. 

Hace tiempo leí que alguien había registrado el color magenta y a partir de entonces habría que pagar por usarlo. Creo que aquello no prosperó porque aún sigo viéndolo, y usándolo, como en la nueva cabecera de este blog.

Escribo esto porque Montse Pedroche, profesora de Filosofía a quien conozco y sigo hace años escribió esto en su muro de Facebook:

Viniendo del instituto he escuchado en la radio que en la gala de los Goyas van a repartir abanico rojos con el lema “más mujeres” para denunciar la brecha salarial, el techo de cristal y la invisibilidad de las mujeres. ¿Acaso no hay ya un color (el violeta) que se identifica con la lucha feminista? ¿Por qué no reparten abanicos violetas? Ahora vendrán lxs que argumentan que nos quejamos de todo, que qué más da, etc.

Pues no, no da igual:
1) Ante el contundente argumento “¿qué más da?, yo argumento: si da igual, ¿qué más da que sean violentas?
2) No usar determinados símbolos históricamente reconocidos es una forma de dispersar la atención y, presumo, que no desinteresadamente.
3) ¿Alguien ha visto una vez que en la lucha de una cuestión importante se cambie de pronto el color que representa esa lucha: color azul para el comunismo o color naranja para el PP, por ejemplo?
4) Que ni si quiera cuiden ese detalle es una muestra más de que es puro producto comercial y puro marketing y no convicciones profundas y valores sinceros.


Y añadió esta imagen, de quien se desconoce la autoría, pero me dice la Wikipedia que fue "uno de los símbolos del movimiento feminista alemán, a partir de la década de 1970":


Aunque entiendo el razonamiento de Montse, me da cosa que alguien se asigne éste o aquél color, que en un país de “rojos” y “azules” donde murieron verdes, amarillos, naranjas y violetas se hable de ello me da grima.

Más que el color de los abanicos, los lazos, los tuits o lo que escribo aquí o en Facebook, para mí serán más importante las actitudes de quienes allí estén: ¿seguirán siendo los Goya un mercado de carne al por mayor o una reunión de artistas? ¿Una sucursal del INEM o un mercado de talentos? ¿Una repetición de tópicos o escaparate de ideas? 

Quizás aspire a demasiado. 

Quizás los Goya, como nuestros gobiernos, nuestros artistas, nuestros políticos, nuestros edificios, nuestras empresas, nuestros periodistas, nuestro cine, y sí, nuestros educadores, no sean más que un reflejo algo más brillante y falso de los espectadores que los estamos mirando.

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