miércoles, 7 de febrero de 2018

Los niños

Resulta curioso que al leer el título de este post mi sensación sea de inquietud, casi de terror.

"Niños"… qué miedo… qué peligro… qué responsabilidad… qué cansancio.

Cómo cambia una sociedad, o uno mismo, para que reciba esa sensación.

Hace unos días leía la noticia - ahora no la encuentro - sobre la caída de un niño en las escaleras de un centro comercial. 

En el debate posterior yo escribí: 

"Resulta evidente por ello que los pasillos y escaleras de un centro comercial no son el mejor lugar para que jueguen los niños. Pero si los minúsculos pisos ni los ausentes parques lo permiten ¿dónde? Hoy, tras una falsa fachada, quizás como antes, pero entonces los niños teníamos más opciones, lo cierto es que los niños - No votan, no compran, no opinan - importan más bien poco. Mejor que se entretengan con pantallitas."

"Hemos ido robando la ciudad y el espacio a los niños. Si yo fuese niño ahora ya no sabría dónde jugar. Lugares enrejados, vigilados, cercados, aislados es lo que les dejamos ¿Hay rutas para que un niño - o un anciano - atraviesen las ciudades andando, corriendo o en bicicleta? No. Los niños - y los ancianos - son para esta sociedad seres molestos y ruidosos (los ancianos menos) que nadie quiere tener cerca. Y entonces pienso en los dibujos de Francesco Tonucci y su proyecto “la ciudad y los niños”.

Recordé también que, en Jaén, cuando era niño, detrás de mi casa había una chatarrería y a unos cien metros las vías del tren. Allí jugaban mis hermanos y otros niños del barrio al escondite, a batallas a palos y pedradas, a montar cabañas, refugios o artefactos con trastos encontrados, a carreras y peleas en el barro. Mi madre se asomaba por la ventana, o simplemente nos oía jugando y llegado el momento nos llamaba.

Pensando en ello salí después a dar un paseo. Cerca de mi casa hay pequeños parques entre edificios, vi niños en su parque infantil vallado y acolchado, vigilados por sus padres, sentados en bancos cercanos, mientras ojeaban sus móviles. Otros niños algo mayores jugaban… al fútbol. Todos menores de 10 años. Adolescentes un par, practicando con su "skateboard" o como se llamen ahora.

Parque de la Minilla - 5


Y sí, recordé a Francesco Tonucci. Resulta que, un día como hoy, hace diez años, escribí "Francesco Tonucci, mi alegría de hoy".

Allí agradecía a Francesco Tonucci dejarme utilizar sus dibujos en mi blog. Aún sigo teniendo en Flickr un álbum con algunos dibujos de Tonucci, y siguen siendo de mis álbumes más visitados.

Lo curioso de los dibujos de Tonucci, firmados como Frato, es que pasan los años, y salvo matices, siguen estando vigentes. Un dibujo suyo del 68 servía en 2007 y sirve en 2018:
Tonucci - El Pupitre 1967 - 2007

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Tonucci - Escuela

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Me gustaría que los dibujos de Francesco Tonucci no fuesen actuales aún, o al menos fuesen como un recuerdo arqueológico de los que pasaba en nuestros colegios hace mucho tiempo.

Tonucci, creo, aún sigue viajando. Exponiendo sus ideas sobre cómo devolver la ciudad a los niños. Algunos alcaldes, políticos, consejeros lo invitan ante audiencias de profesores y padres que lo escuchan, lo aplauden, … para volver al día siguiente a sus calles de todos los días, sin niños, sin espacios, con coches, con obstáculos mil, y a sus colegios, con pupitres, pizarras, gramáticas y reglamentos.

Aunque ha venido a Canarias varias veces, raramente me he enterado cuando viene.

Sin embargo, una vez, por casualidad, hace cinco años, me lo encontré en un avión a Lanzarote. Comenzado el vuelo me armé de valor y me acerqué a presentarme y darle las gracias en persona. Él no me recordaba, obviamente, pero fue muy amable. Como me parecía poco darle simplemente las gracias regresé a mi asiento y volví con una de mis pequeñas acuarelas "Molino en Famara". Me sonrió y lo guardó. Desconozco qué habrá hecho con aquel dibujo que mostraba algo del pasado, un molino, hoy aún más deteriorado, en medio de los matos de arena de Famara. De alguna manera cerré entonces el círculo comenzado hace 10 años.

Molino, Pozo de Famara, Lanzarote


Artículos y vídeo sobre Francesco Tonucci:

viernes, 2 de febrero de 2018

Alegato por el tiempo… para adquirir destrezas



Esta vez lo que me disparó fue esta imagen en el muro de Anibal de la Torre. 

Y escribí esto: 

No sé si en el olvido, o en franco retroceso horario, aplastadas por 57.000 items que poco tienen que ver con ellas.

Acabo de ver cómo se realiza un frutero en vidrio: horas.

Esta mañana dos alumnas de Bachillerato de Dibujo Artístico aprovecharon dos horas sin clase para terminar un trabajo de acuarela y tintas. Semanalmente disponen de 3.

En Secundaria, ¿se pueden enseñar destrezas artísticas en dos horas semanales, justificando eso en que existen vídeos en Internet?

Esta mañana, un alumno, voluntariamente, en el recreo, explicó a sus compañeros, voluntarios también, cómo comenzar a dibujar anime y manga. Yo le abrí mi aula gustoso. Y no le dije qué competencias y estándares tenía que evaluar.

Tiempo. Tiempo. Al final uno lo que pide es tiempo. 

Pararse y mirar. Coger un lápiz. Disfrutar. 

Pero un timbre y mil papeles siempre se interponen.

jueves, 1 de febrero de 2018

Alegato por la libertad... de colores

En (por) principio yo creo que el color es libre, no debería asignarse ni a sexos, ni a razas, ni a países, ni a partidos ni a empresas. 

Hace tiempo leí que alguien había registrado el color magenta y a partir de entonces habría que pagar por usarlo. Creo que aquello no prosperó porque aún sigo viéndolo, y usándolo, como en la nueva cabecera de este blog.

Escribo esto porque Montse Pedroche, profesora de Filosofía a quien conozco y sigo hace años escribió esto en su muro de Facebook:

Viniendo del instituto he escuchado en la radio que en la gala de los Goyas van a repartir abanico rojos con el lema “más mujeres” para denunciar la brecha salarial, el techo de cristal y la invisibilidad de las mujeres. ¿Acaso no hay ya un color (el violeta) que se identifica con la lucha feminista? ¿Por qué no reparten abanicos violetas? Ahora vendrán lxs que argumentan que nos quejamos de todo, que qué más da, etc.

Pues no, no da igual:
1) Ante el contundente argumento “¿qué más da?, yo argumento: si da igual, ¿qué más da que sean violentas?
2) No usar determinados símbolos históricamente reconocidos es una forma de dispersar la atención y, presumo, que no desinteresadamente.
3) ¿Alguien ha visto una vez que en la lucha de una cuestión importante se cambie de pronto el color que representa esa lucha: color azul para el comunismo o color naranja para el PP, por ejemplo?
4) Que ni si quiera cuiden ese detalle es una muestra más de que es puro producto comercial y puro marketing y no convicciones profundas y valores sinceros.


Y añadió esta imagen, de quien se desconoce la autoría, pero me dice la Wikipedia que fue "uno de los símbolos del movimiento feminista alemán, a partir de la década de 1970":


Aunque entiendo el razonamiento de Montse, me da cosa que alguien se asigne éste o aquél color, que en un país de “rojos” y “azules” donde murieron verdes, amarillos, naranjas y violetas se hable de ello me da grima.

Más que el color de los abanicos, los lazos, los tuits o lo que escribo aquí o en Facebook, para mí serán más importante las actitudes de quienes allí estén: ¿seguirán siendo los Goya un mercado de carne al por mayor o una reunión de artistas? ¿Una sucursal del INEM o un mercado de talentos? ¿Una repetición de tópicos o escaparate de ideas? 

Quizás aspire a demasiado. 

Quizás los Goya, como nuestros gobiernos, nuestros artistas, nuestros políticos, nuestros edificios, nuestras empresas, nuestros periodistas, nuestro cine, y sí, nuestros educadores, no sean más que un reflejo algo más brillante y falso de los espectadores que los estamos mirando.