domingo, 12 de noviembre de 2017

Despistes y Franquezas

¿Qué es este intervalo que hay entre mí y mí?
FERNANDO PESSOA 
(Tomado del libro de Mario Benedetti, "Despistes y Franquezas")


Esta semana decidí actuar en mi vida como la edad que tengo, que en una semana serán 58 años (#cincuenta y ocho# escribíamos en los cheques), y en el trabajo como los años que llevo trabajando, 36 (#treinta y seis#).

A partir de ahora, nada de correr arriba y abajo, de aguantar las noches y días como cuando tenía 30, nada tampoco de agachar la cabeza como quien tiene 80, nada de asumir como mío lo que me cuentan mis alumnos de 14.

La semana pasada fue una semana de despistes: un día fue una llave, otra una carpeta, otra una conversación olvidada. Una semana de subidas y bajadas, de cambios de aula cada hora, de reuniones incomprensibles, de extrañezas, de sudores y de fríos, de sonrisas y miradas glaciales, de esfuerzos y cansancio excesivo, de toses y ronqueras, de calima y ojos llorosos.

Lo que tiene esta profesión de docente, quizás ocurra en otras, no lo niego, es que cada año tienes un año más y tus alumnos los mismos. Cuando empecé en esto no llegaba a los 30, apenas el doble que mis alumnos, y ahora cuatruplico su edad, y aunque no sea este trabajo igual al de otros campos, el tiempo pasado trabajando, más de treinta años ya, es el mismo, y mis canas, mis venas, mi piel, mi voz, mis huesos y músculos, mi cerebro, tienen ahora el doble de años que cuando empecé.

Y eso se nota. Lo noto.

Cierto que hay sesentones, y hasta octogenarios, que corren maratones, pintan cuadros, dirigen orquestas y tantas otras cosas, pero en mi opinión nunca podrán decir que lo hacen como si tuviesen 30 años. Su reto, su esfuerzo actual es personal, contra sí mismos, contra su yo de hoy, contra su edad actual y sus posibilidades personales.

Cierto es que para mí el mes de noviembre, que comienza con el recuerdo a quienes ya no están, continúa con los cada vez más normales decesos y despedidas a quienes tienen mi edad, y culmina con la anual cita con mi cumpleaños, me lleva periódicamente a estas reflexiones.

Pero aún así, armado de franqueza, solicito que no me pida nadie nada que no pueda hacer alguien de mi edad, al ritmo de mi edad, con la mente y despistes de mi edad, con las (des)ilusiones de mi edad. 

Y de ese modo, compitiendo solamente con mi yo de ahora, posiblemente sea yo así más feliz y más útil.





2 comentarios:

Toni Solano dijo...

Menos mal que no olvidas las contraseñas de blogger: eso garantiza que podremos seguir leyéndote unos años más. Un abrazo, amigo.

Pedro Villarrubia dijo...

Gracias, Toni.
Pero olvidarlas las olvido, es mi ordenador y Google los que me las recuerdan. ;)
En todo caso por aquí seguiré, y quién sabe, quizás la jubilación, si llega, me haga escribir más.
Un fuerte abrazo también.