lunes, 22 de mayo de 2017

A propósito de claustros

"A propósito de Henry" es una película de 1991, donde el protagonista, interpretado por Harrison Ford, es un abogado de gran éxito y pocos escrúpulos, que tras recibir un balazo en la cabeza, sufre amnesia y ha de aprenderlo todo de nuevo, y al hacerlo, recupera su familia, y su honestidad.

Hace unas semanas, durante un claustro, esta película me vino a la memoria.

El claustro comenzó con un análisis estadístico de resultados, con gráficos y comparativas por cursos y materias, explicado punto por punto por el director del centro, incluso con comparativas con otros centros de nuestro entorno o nivel.


Se analizaba todo, me pareció entonces, como se haría en un consejo de administración de una empresa, comparando sus resultados con los de la competencia, como si nuestros alumnos fueran productos fabricados o por vender.

A continuación, el inspector, que vino acompañado de una asesor del CEP que no llegó finalmente a intervenir nos explicó como diseñar lo que ahora se llaman "unidades de aprendizaje", que antes fueron "unidades didácticas", y antes, "lecciones". Ponerles un "título motivador", temporalizarlas precisamente, incluir contextualización, recursos, situaciones de aprendizaje e impartirlas en tiempo y fecha concretos parecían ser factores de éxito, y programar bien, parecía deducirse, era una característica clave de un buen profesional.

De la unión de ambas intervenciones podría establecerse una relación y concluir que unas "unidades de aprendizaje" perfectas nos iban a llevar sin duda alguna a unos resultados educativos mejores.

¿Y el profesorado?, pues, sentado más o menos como en el dibujo, intervino poco o nada, algunas reticencias fueron acalladas con menciones a horarios, ventajas o desventajas y alusiones a casos poco concretos y comparaciones con otras situaciones.

Ese día, creo recordar, se cerraron las canchas de nuestro centro por obras de reparación tras las lluvias. Los alumnos iban a pasar semanas sin jugar en las canchas ni en recreos ni en las clases de educación física.

Recordé entonces la película y pensé… 
¿Cuándo convertimos los claustros en consejos de administración? 
¿Cuándo empezamos a ver a nuestros alumnos como cifras, porcentajes o barras en un gráfico?
¿Cuándo nos olvidamos que tienen que comer, correr, aburrirse, hablar, quererse?
¿Cuándo olvidamos que cada uno es diferente, y tiene un ritmo de aprendizaje distinto?
¿Cuándo empezamos a desentendernos de los debates educativos o de coordinarnos con otros?
¿Cuándo, buscando el éxito o la aprobación ajena, dejamos de ser humanos, de trabajar con personas?

Pues no, siento decirlo, dos diferencias más dos diferencias no suman cuatro en educación, no hay fórmula ni "unidades de aprendizaje" mágicas que mejoren el aprendizaje, no todo se mejora con papeles, criterios y estándares, no hay un solo traje en educación, y menos aún en las asignaturas que imparto, que hacen de la variedad, la libertad y la creación una bandera.

Lo único que funciona en educación es justo lo que nos está faltando: tiempo y dedicación. Poco se aprende en dos horas semanales. Poco se coordina en una hora de reunión. Poco se crea en un mundo de gráficos de barras. Podemos medirlo todo, compararlo todo, y hacerlo mal, muy mal.

Al salir de aquel claustro, con aquel Henry en mi cabeza, sin hablar, recordé mis primeros claustros, allá por 1989, que duraban horas en debates y réplicas, donde se votaba casi todo, y donde a veces hasta se reflexionaba, se compartían propuestas e incluso, creo recordar, quizás porque eran los primeros, al salir yo había aprendido o sabía algo más que cuando entré, e incluso nos quedaba tiempo, fíjense, a charlar a la salida.

Termino con un enlace a una historia que encontré hoy, apenas 350 palabras, que me lleva a recordar porqué alguna vez he comparado la Educación con la Agricultura,  "El jardín de Stenhouse".





1 comentarios:

Toni Solano dijo...

Te entiendo porque ahora soy víctima en primera línea de estadísticas y evaluaciones. Es cierto que los planes de mejora solo se pueden evaluar mediante indicadores, pero ¿cómo medir la felicidad o el bienestar del alumnado? Muchos seguirán sin aprobar y sin titular, pero seguramente hemos hecho un gran esfuerzo por mejorar la convivencia: ¿en qué casilla metemos esto? Es más ¿a alguien le importa?
Gracias, Pedro, por poner siempre el dedo en la llaga.