martes, 7 de junio de 2016

El (sin) sentido de (no) oír

En los recreos suelo salir de mi centro.

Hace dos semanas, durante la Semana de la Educación Artística, me quedé en mi aula, en la tercera planta, preparando algunas cosas.

El ruido procedente del patio interior era muy alto: voces, gritos, carreras…

Me di cuenta de por qué me sorprendía: suelo salir de mi centro en los recreos y mi excusa es tomar el aire, desayunar algo… pero siempre me había negado otra razón, quizás más importante: huir del ruido.

Decidí medirlo entonces con un sonómetro para móvil : 75 decibelios.


“Es un nivel de ruido considerable. Por ejemplo, un aspirador genera 65 dB. Una calle con mucho tráfico alcanza los 75 dB. El despertador o la televisión a un volumen elevado, pueden llegar a los 75 dB, igual que una lavadora, el teléfono móvil o una batidora.”

Seguí midiendo el ruido en días sucesivos, dentro de las aulas, en los pasillos, en las canchas… 60, 75, 80 decibelios… y seguí leyendo sobre ello.

El problema del ruido en los centros educativos no es sólo “ambiental”, es educativo y de salud. Basta leer estos artículos:

En mi centro aún lo espero.

Así que, mientras tanto, siempre que puedo, yo sigo saliendo en los recreos.

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