sábado, 31 de octubre de 2015

Zanahorias...

Últimamente escribo poco. Y escribo mal.
Últimamente dibujo poco. Y dibujo mal.
Últimamente creo poco. Y creo mal.

Así que espero que sepan disculparme.

Últimamente todo son zanahorias. 
Tantas que dudo ser capaz de encontrar la manera de ilustrar con una imagen lo que veo.
Quizás lo haga al final con una imagen ajena.

En la fábula del burro y la zanahoria, una sola zanahoria bastaba para llevar al burro en una dirección. Y luego pasado un tiempo su dueño se la daba como recompensa y la sustituía por otra. Mal que bien, en la fábula el burro avanzaba, realizaba un trabajo, incluso, en su simplicidad, se sentía recompensado.

El problema es cuando pones demasiadas zanahorias. 
El burro no avanza, se paraliza, duda y se frustra. 
Frustración. Complicada palabra, quizás contenga demasiadas zanahorias.

Pues eso pasa, me pasa, nos pasa, en educación, pero posiblemente en todos los campos de la vida actual.
Imagínense un alumno/a inmerso en una docena de asignaturas que le ofrecen distintas zanahorias, objetivos, actividades, evaluaciones, y a su vez en una docena de pantallas con distintos mensajes y estímulos. Se paraliza. El tiempo y la atención son limitados. Se bloquea. Se frustra.

Zanahorias, todo zanahorias.

Imagínense ahora un/a docente que comienza el curso con una decena de cursos, un centenar de alumnos que conocer, a los que ofrecer zanahorias, y con una ley nueva de centenares de artículos y disposiciones, mal desarrolladas en borradores y artículos, con centenares de estándares y de rúbricas, de cursos y propuestas de formación, de reuniones, de planes, de actividades, de compañeros/as que conocer y con quien coordinarse, de aulas que recorrer, de pasillos que vigilar, de materiales que comprobar... de clases que impartir. 
De alumnos/a que conocer. Que educar.
Y el tiempo es el mismo. 
Todo cambia menos eso. 
El tiempo y la atención son limitados.

Porque hay centenares de zanahorias, todo son zanahorias.

Así que yo al menos, me bloqueo, me paralizo, me frustro ante tanta zanahoria.

Pero, ¿saben sobre todo por qué? 
Porque en el fondo pienso que la mayoría de las zanahorias que nos ofrecen son falsas, inútiles, innecesarias, absurdas, y lo que es peor, tengo la sensación de que, aún así, nunca nos las darán, y nunca serán para nosotros algo que nos facilite avanzar ni nos haga mejores o más felices.

Y termino este post con dos imágenes de J.Morgan, dibujante canario (http://www.humordemorgan.com, que resumen muy bien estas sensaciones:





sábado, 3 de octubre de 2015

¿Qué pasa con la cultura?

Haber tenido al peor ministro de Cultura (y Educación) no es excusa.
No es más que un síntoma más.
Los anteriores tampoco han sido mucho mejores.
Decía mi padre que una señal de lo poco que importaba la Agricultura es que sus ministros solían ser los más torpes y desconocidos de cada gobierno.

Pues algo así está pasando con la cultura, que ya no sé si es mejor escribir con minúsculas.

Ayer asistí a la presentación de un libro en Las Palmas de Gran Canaria. Hubo de ser suspendida.
Las Palmas tiene 382.000 habitantes. Me descubrí avergonzado intentando poner ante el escritor 300.000 excusas que explicasen por qué aquel salón estaba casi vacío.

¿Qué pasa con la cultura?

Salí de allí y paseé por Las Palmas pensativo. Encontré cosas extrañas: un mitin de Juventudes comunistas con escasa asistencia también, jóvenes de Médicos sin Fronteras captando socios, gente paseando como yo o sentada a lo suyo.

Me acerqué a Vegueta, el barrio histórico. Allí, bajo banderas alemanas en bancos corridos grupos de gente de mediana edad bebían cerveza, salchichas y codillo al precio de un libro. "OktoberFest" le llamaban, y seguramente lo catalogarán como fiesta "cultural", quién sabe...



Cerca, jóvenes adolescentes, incapaces de pagar aquellos precios, circulaban a los rincones donde harían el botellón, y luego, si había suerte, irían a bailar a algún local.

Seguí caminando hasta la plaza de Santo Domingo. Antes, en Santa Ana, me crucé con una mujer que llevaba por la calle un cuadro antiguo, de marco dorado, casi más grande que ella misma. Me pareció otra imagen extraña.

¿Qué pasa con la cultura?

En la plaza de Santo Domingo, medio centenar de personas mayores sentadas ante un escenario escuchaban a una parranda cantar en honor a las fiestas del Rosario. Y mientras, cerca de la iglesia, oía dentro entonar las oraciones del mismísimo rosario. Las calles aledañas estaban vacías. Lo escribí en mi Twitter:
Fue una noche extraña.

¿Qué pasa con la cultura?