lunes, 2 de noviembre de 2015

Pan e circenses... Sueldo y docentes

CIEA - J. A. Marina
Retrato de José Antonio Marina que le hice en 2008, en el congreso Internet en el Aula.
En algún lugar estarán las notas que tomé durante su conferencia. 

Nadie hablaba de sueldos allí.



El periódico El País resume su entrevista a José Antonio Marina en un titular que une "sueldo y docentes".

El artículo termina citando a Marina, que menciona un acuerdo que debe contemplar "presupuesto, objetivos, marco básico de organización escolar, tratamiento del profesorado y acuerdo básico sobre el currículo", pero el periódico dedica las dos terceras partes de su artículo a hablar de sueldo y de inspectores. 

En Facebook, donde comenté y compartí este... artículo, a mi primera reflexión sobre el titular yo añadí: 
- ¿Por qué no condicionar el sueldo de los periodistas a la evaluación de sus lectores? 
- ¿Por qué no condicionar el sueldo de los políticos a la evaluación de los votantes? 
- ¿Por qué no condicionar el sueldo de los religiosos a la evaluación de sus fieles?

Es lo que tiene simplificar a la baja. Donde Marina hace hincapié en la importancia de los docentes y en la simplificación del currículo, e incluso en la falta de formación del ministro, el/la periodista se ha quedado atascado en la palabra "sueldo", y en base a ella estructura su artículo. Esto es España, "is pain"... pan e circenses,... sueldo y docentes...

No seré yo quien, tras 26 años trabajando de docente y un sueldo menguante año tras año, cosa de la inflación y las congelaciones sucesivas, esté en contra de que el sueldo del/la docente se mejore y que se tenga en cuenta su trabajo real en el aula y sus años dedicados a ello.

El problema está en el cómo medirlo, cuándo y quién lo haría, porque en un sistema educativo tan desigual como el español en centros, alumnado, y medios, podría ser aún más injusta su medición que el mantenimiento del estado actual de las cosas.

En un país, y no me refiero sólo el periódico, más preocupado por sueldos, cifras y porcentajes que por altísimo número de jóvenes sin trabajo ni estudios, y más atento a la televisión, al fútbol y a una política electoralista y corrupta antes que a una educación cada vez más pobre, debilitada, masificada, ideologizada y desigual, es de agradecer que José Antonio Marina mire a otros países, los copie, y proponga alternativas y mejoras para la educación de aquí.

Pero, en mi siempre humilde opinión de aprendiz, de tanto mirar afuera, de tanto proponer proyectos y leyes y libros blancos, nos falta mirarnos y ver auténticamente nuestra realidad educativa y social, precisamente esa que no queremos ver: niños sin desayuno, sin libros, sin padres, sin futuro, sin ideas, sin educación, docentes sin sueldo, sin tiempo, sin ilusión, sin dirección, sin leyes adecuadas, padres y madres sin trabajo, sin dinero, sin tiempo, sin fuerzas, centros educativos desiguales, insuficientes, pobres en recursos, incómodos, mal diseñados, empresas sin derechos, sin formación, sin ideas, sin proyectos, sin trabajo, políticos sin formación, ni información, sin ideas, sin visión, sin proyectos, sin presupuestos ...

En la educación, como en un enfermo, lo primero, creo yo, es un buen diagnóstico: analizar el estado en que se encuentra, las raíces de su enfermedad, y eso va más adentro, mucho más allá, de índices, porcentajes y evaluaciones internacionales, para pasar después a prescribir qué es lo más necesario para mejorar, en este caso, la educación. 

Luego, quizás, como propone Marina, pero hay muchos más interesados, podríamos reunir entre todos fuerzas y buscar un acuerdo real sobre cómo hacerlo, sobre qué es lo más urgente, pero sobre todo qué es lo más necesario, para mejorar la educación.


2 comentarios:

Otras Políticas dijo...

Parece que en la enseñanza, como en otras profesiones, cuando se alcanza un cierto nivel de bienestar material, no basta con el dinero para incentivar. Y aunque pocos cuestionan la necesidad o la eficacia de las recompensas, el pago basado en el rendimiento tiene muchos detractores. Para empezar, porque no hay un acuerdo sobre qué se entiende por rendimiento educativo y sobre si es posible estimarlo de una manera objetiva, sin tener en cuenta las circunstancias particulares de cada caso, desde la extracción social de los alumnos hasta el talante o la ideología de cada cual y de sus compañeros de trabajo.

Pero no solo eso, sino que también se corre el riesgo de que la enseñanza se centre en cumplir los criterios empleados para evaluar (por ejemplo, que los alumnos superen determinadas puntuaciones en una prueba estatal de matemáticas) y descuide aquellos aspectos que no se priman. Incluso puede generarse una picaresca que busca el beneficio personal o que intenta evitar que un centro escolar salga perjudicado.

http://www.otraspoliticas.com/educacion/incentivos-y-mejora-educativa

S.D.S. dijo...

Cada vez hay mas centros que educan para la felicidad me pueden decir como evaluarían eso?
Al día de hoy ni se contempla en el Currículum ni se sabría evaluar.