viernes, 29 de mayo de 2015

Fracasos...

Desengáñense, la asignatura con más fracasos es la Plástica. Y el Dibujo.

Porque vivimos del fracaso diario, de la lluvia de papeles a la papelera, de la falta de materiales, de  los intentos sin fruto, de las obras a medio terminar, de la falta de imaginación, de la falta de ganas, del desinterés, del fracaso.

De hecho, la mejor forma de aprender Plástica o Dibujo es fracasando. Un intento, otro, y otro más que te acercan a una obra final, que nunca es un éxito total, tan sólo un fracaso menor.

Y es que si uno lo toma al pie de la letra, practicando Plástica, dibujando, pintando, amasando el barro, templando el hierro o grabando la madera, uno se pasa la vida fracaso tras fracaso, intentando nuevas maneras, distintos caminos, distintos temas, mejorando, sin importarte demasiado, si eres lo suficientemente bueno para valorar tu fracaso, para hacer de él tu propio triunfo.

Al fracaso nos hemos acostumbrado quienes curso tras curso intentamos enseñar a fracasar triunfando o triunfar fracasando, que curso tras curso hemos visto como disminuían nuestras horas de clase, la valoración de lo que hacíamos, la autoestima de nuestros alumnos, la variedad de obras y de materiales. Y el tiempo.

Y es que a éste, como a los anteriores gobiernos, no les gusta la Plástica, no les gusta que enseñemos a fracasar, que dediquemos tiempo a ello, que enseñemos a interpretar lo que vemos, a expresarlo, a contradecirlo, a utilizar otras formas de expresión que no sean las previstas, otro lenguaje que no sea el de las cifras y las letras, el de los porcentajes y el de los informes finales.

Y por eso este gobierno, como los anteriores, ya sean nacionales o autonómicos, ley tras ley, decreto tras decreto, han ido restando horas, profesores, presupuesto, materias, ideas, hasta dejar la Plástica y el Dibujo en su puro esqueleto, con apenas tiempo para… enseñar a fracasar.

Dos horas semanales, dos horas a veces optativas nos dejan para enseñar a fracasar. Muy poco tiempo. Y eso cuando en esa falsa optatividad ofertada, las eligen, o les eligen hacerlo. Parece mejor entonces claudicar y concederles pequeños triunfos: dibujos sencillos, fotocopias coloreadas, un nombre o dos de artistas, o de técnicas, un color o dos, nada de miles de colores, nada de barro o grabados, nada de suciedad, todo pulcro, sencillo, a lápiz si es posible, todo igual o copiado, exitoso.

Porque además eso a nadie le importa demasiado, pues a la competencia "artística" ya se le llama en los papeles "cultural", como si cambiásemos la selva por cultivos, lo libre por lo regulado, la pintura por el barniz. Qué mejor manera de eliminar el Arte de la educación que eliminar el uso de esa palabra y sus derivados, eliminada la palabra Arte, se elimina también el problema de su fracaso. 

Quizás pronto las Facultades se llamen de "Bellas Culturas", las escuelas, de "Culturas y Oficios", los bachilleratos, de "Cultura", y los artistas, les sonará ya, "trabajadores de la Cultura".

Y además, mientras tanto, mientras las Consejerías reducen las horas de Plástica a 2 semanales y a optativas, y las materias artísticas en Bachillerato de "Artes" a una a escoger entre tres, y con 3 horas semanales, en periódicos y sindicatos ya se permiten hablar de la Plástica y Dibujo con ese despectivo "marías" que sólo en países de larga tradición machista como el nuestro aplican a las materias sin importancia.

Pues bien, fracasemos una vez más. Sigamos fracasando. Una y otra vez. Quizás sea más difícil fracasar con menos tiempo, pero lo seguiremos intentando: que nuestros alumnos disfruten intentándolo, que les de igual los mil fracasos, si al mil y uno obtienen algo parecido a lo que quieren.

Será más difícil, sí, pero lo seguiremos intentando.

Porque el mayor fracaso siempre será el de aquellos que no saben ver, que no saben expresar, no saben intentarlo, que sólo saben de cifras, porcentajes e informes, y de leyes, que, digan lo que digan, no son educativas.