lunes, 30 de enero de 2012

Impotencia

"Los sabios hablan porque tienen algo que decir. Los tontos hablan porque tienen que decir algo." (Platón)

Desde que en diciembre obtuve -yo, aunque los notas las recibieron a mis alumnos/as- los peores resultados que recuerdo en una evaluación, me recorre una sensación de impotencia. Cero aprobados/as en algunas materias, poquísimos presentados/as, apenas trabajos que corregir compusieron un panorama desolador, al menos para mí.

Es cierto que enseguida intenté valorar las circunstancias: alumnado adulto, variado, con distinto origen, problemas laborales y de aprendizaje, desconocimiento de la materia, falta de práctica, con gran diversidad en sumo. Pero, aún así, me invadía la impotencia. Tras escribir aquí sobre la enseñanza del dibujo, la creatividad, el cambio, sobre mil y un argumentos educativos, pensé en abandonar este blog Discentia, en el que tantas reflexiones he dejado.

Dejé pasar el tiempo.

Pero, tras charlar con mi amiga Ángeles Saura, a quien tanto debo, de esta y otras impotencias, recordé que este blog se llama "Discentia", y no"Docencia", y que lo comencé hace casi seis años para aprender y reflexionar sobre educación, pero también sobre la vida, el arte, sobre todo, o casi.

Y ese aprendizaje, es mi opinión, no se construye sólo sobre éxitos o fracasos ajenos, ni sobre grandes frases o teorías de salón, sino con los propios intentos, sean éxitos o fracasos. Sobre la pedagogía del fracaso mucho se ha escrito. Desde mi impotencia de hoy no me veo capaz de aportar gran cosa, si acaso, que el Arte es la actividad más tolerante con el fracaso: nos permite aprender, y a veces se convierte ante nuestros ojos en un éxito.

De momento, como discente, liberado por mi impotencia, me permitiré seguir intentando aprender. También de mis fracasos.

Y es que aún no sé si soy tonto o sabio.

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