jueves, 3 de diciembre de 2009

Cómo acabar de una vez por todas con la cultura

En el año 1971, Woody Allen publicó un libro de relatos, "Getting Even", que aquí titularon, con esa creatividad que nos caracteriza, "Cómo acabar de una vez por todas con la cultura", nombre de uno de las historias que lo componen, subtitulado "Boletin de cursos de primavera". Recomiendo aquí su lectura, para sonreir en tres páginas ante una variada organización de cursos de verano universitarios. Transcribo el último de ellos:

"Yeats y la higiene, un estudio comparativo: se analiza la poesía de William Butler Yeats en el contexto de un cuidado odontológico adecuado. (El curso está abierto a un número limitado de estudiantes.)"

Pero mi "imprescindible" Woody Allen me ha venido a la cabeza tras un día marcado por el Manifiesto “En defensa de los derechos fundamentales en internet”, que plantea, a modo de decálogo, 10 puntos ante la llamada ley de Economía Sostenible.

No opinaré ahora sobre él, salvo comentar que, el que en un sólo documento, se mezclen Economía, Internet, Cultura, Constitución, derechos, libertades, leyes, industrias, creadores y ciudadanos indica claramente la complejidad con que por aquí se envuelven y tratan ciertos temas.

Yo aquí les hablaré de Cultura. Me interesa. Me preocupa. De ella he escrito en Twitter a horas nocturnas. Cultura: Conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc. (Dicc. R.A.E. 2001)


¿Podrán acabar de una vez por todas con la Cultura?
Esperemos que no, pero, por si acaso, he escrito aquí mi propio manifiesto, personal, perfectible y transferible sobre la Cultura:


1. La Cultura es un patrimonio global de la sociedad y de los grupos humanos, que son quienes crean y determinan su Cultura. Es de todos, no puede ser de unos pocos. Es herencia común, no propiedad individual. La Cultura no se cobra ni se destruye, se transforma, se crea, se recrea y se comparte. Su valor es inmaterial, común y superior a cualquiera de las obras que forman parte de ella.

2. La Cultura, siendo tan importante, debe ser responsabilidad de las más altas instancias del estado. Pero, si hay que crear un ministerio de Cultura, es un error encomendarlo a un/a representante de la "industria". ¿Encomendaríamos Educación a un editor, Sanidad a una empresaria farmacéutica, Defensa a un fabricante de armas? ¿Y por qué Cultura sí?.

3. Las Academias, comisiones, comités culturales y universitarios deberán dejar paso a una Cultura más amplia y participativa, donde la determinación de los bienes culturales no dependa de élites, grupos personales o de intereses particulares.

4. No debe emplearse el término "Industrias culturales". Lo que hay son industrias del espectáculo, del entretenimiento, e incluso artísticas, que incorrectamente se vienen vistiendo o autodenominando "de Cultura".

5. Los/as artistas y creadores de arte tienen derecho a vivir de sus obras y a la propiedad intelectual de las mismas, pero no a secuestrarlas, sustraerlas, u olvidarlas si forman parte de la Cultura común.

6. No se debe permitir tampoco que el poder, en sus diferentes caras, secuestre edificios, cuadros, partituras, libros, y que compre y venda los bienes de la Cultura común de la sociedad. Nadie, sea iglesia, empresa o particular, debe marcar los límites del disfrute de una obra cultural.

7. La Cultura ha de ser transmitida y educada, y no sólo en la Cultura del pasado, sino en crear una Cultura abierta, propia y futura. Los centros educativos deben tener espacios dignos para crear, compartir y transmitir Cultura.

8. Los centros culturales, deben estar pensados, no sólo para la conservación y transmisión, sino para la creación y desarrollo de la Cultura, y estar abiertos a la infancia y a la vejez, a la tradición y a las nuevas tecnologías.

Gracias

3 comentarios:

José L. Castillo dijo...

Pedro... ¡¡¡Muy, muy bien!!!

Ese separar el concepto de cultura del resto es esclarecedor.

Además, cuando la cultura se vuelve negocio, cuando le ponen precio, siempre hay gente que no podrá pagar o tendrá que optar entre pagar cultura y otra cosa. Es el problema de la curva de la oferta.

La única manera de que la cultura llegue a todos es eliminar esa curva, la de la oferta, que corta a la de la demanda, que la impide progresar, que bloquea que la gente tenga lo que quiere para que algunos tengan dinero.

Dibújales a tus alumnos alguna vez esa gráfica económica, en la que se ve cómo las empresas impiden que haya gente que accede a recursos, que los de dibujo tenéis un poder inmenso para poder transmitir esas ideas.

Y que luego digan que es una María...

¡Felicidades, tío!

Antonio dijo...

Eres grande, "culto" y universal, Pedro.

Chelucana dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.