miércoles, 9 de enero de 2008

15 segundos


15 segundos es lo que tarda en cambiar de verde a rojo para los peatones los semáforos que habitualmente cruzo para llevar a mis hijos al colegio, para ir a mi trabajo, o para cruzar una calle que merezca un semáforo.

15 segundos para saltar un bordillo, cruzar unos quince metros y llegar sanos y salvos al otro lado. Y si no lo conseguimos, deberemos esperar unos 80 segundos hasta el próximo intento.

15 segundos de espera para una interminable fila de impacientes automovilistas, generalmente solitarios, a veces padres como yo, pero motorizados, atentos al cambio de luces del semáforo, generalmente irritados o apresurados.

Si yo fuese un velocista, seguramente sería capaz de cruzar esa distancia 10 veces, pero no le pidan eso a un cuarentón, yendo de la mano con dos niños de 4 y 6 años, no le pidan eso a una señora con un bebé en su carrito, a una persona en silla de ruedas o a una anciana.

Hace muchos años leí "La Carta de Atenas" de Le Corbusier. Aún tengo ese libro, con sus hojas despegadas y amarillas. 

Si sus 95 propuestas hubiesen sido leyes, posiblemente nuestras ciudades serían muy diferentes, y las cárceles tendrían un nuevo tipo de inquilinos: los que convierten nuestras ciudades en lo que son.

En su punto 62 Le Corbusier escribe: "el peatón debe poder seguir caminos distintos a los del automóvil." 

En muchas ciudades existen calles denominadas "paseos". Si entendemos por paseo "ir andando por distracción o por higiene", difícilmente esas calles sirven hoy para eso. Andamos por ellas, pero atentos, e incluso preocupados, por los coches que pasan, respirando sus humos y escuchando sus ruidos.

Cada equis tiempo, por elecciones o en días especiales, algunos políticos/as cierran calles principales, permiten el despreocupado paseo de personas o de bicicletas. Algunos he visto sentarse en una silla de ruedas y circular alegremente... por el asfalto. Se sacan una foto, y hasta la próxima.

Si todos ellos/as debiesen atravesar la ciudad de punta a punta, caminando, empujando un carrito, cruzando cada calle en quince segundos cuando hay semáforo, y como se pueda cuando no lo haya, sorteando farolas, escalones, papeleras o simplemente basura, quizás nuestras ciudades fuesen muy distintas, quizás entonces mis hijos, para recorrer los 500 metros que nos separan de su escuela, no me preguntarían cada mañana:  "¿papá, vamos en coche?"

2 comentarios:

IGUALES 3000 dijo...

No sé si tengo 15 segundos para contestarte. Es mi primera visita a Discentia y ya veo que me vas a tener por aquí "deambulando". Y precisamente, esta acción de deambular casi perdida con los estreses de la ida cotidiana, esla clave para entender cómo hemos perdido las referencias. Ya nadie deambula, vamos de un sitio para otro con la precisión del cronógrafo y mientras tanto nos llamarán por el móvil para preguntarnos dónde estamos. Y nosotros contentos y ufanos de que nos hallan llamado y casi sin resuello, contestamos mientras caminamos o casi corremos :" Ya llego, ya llego, ya te veo, Hola. Llego tarde. Perdona , el tráfico. ¿Dónde vamos?" Los psicólogos llaman a esto "el síndrome de estar localizado".
( me quedan 10 segundos)
En esto se han convertido las ciudades, en lugares de tránsito. O más bien , en No-lugares como lo llaman algunos antropólogos como Marc Augé, espacios que quienes lo atraviesan no pueden interpretar nada sobre su propia identidad ni sobre sus relaciones con los demás. Son lugares preparados para la mirada y el consumo, una mirada que no contempla sino que engulle un espacio vacío, sin identidad, que pese a concentrar multitudes anula la identidad y somete al individuo a un aislamiento psicológico que el individuo intenta paliar cargando el carro de la compra o aferrando bolsas repletas de novedades inexistentes. Los grandes centros comerciales son estos no lugares por excelencia.

(me quedan 5 segundos)
Cuidades diseñadas para el speed y el encuentro fugaz. Cuidades que ignoran el encuentro relajado, el tiempo detenido, el deambular de un lugar a otro sin rumbo fijo, el dejarse llevar por los pies en una animada conversación. Romar un respiro, sentarte en un banco o un improvisado poyete y ver la vida pasar a cámara lenta. Hay toda una filosofía alrededor de esto, creo que la llaman "movimiento Slow". Hace tiempo hablé de este tema en Iguales a raíz de un bello video en blanco y negro filmado a cámara superlenta que ví en Youtube.
Y hablando del tiempo se me fue el tiempo.
(3,2,1,0 segundos )

Hasta otro momento, Pedro V... el Sabio. ( es broma)

Un cordial saludo. Manuel.

Pedro Villarrubia dijo...

Excelente comentario que bien merece incorporarlo ( y creo que lo haré) al post en primer plano por su humor, estrés y claro reflejo de lo que son nuestras (y otras) ciudades. ¿Me lo permites?

Hasta ahora no había tenido tiempo de contestarte, y entretanto he tenido ocasión de ver el video de la entrevista a Francesco Tonucci en torno a su proyecto "La Ciudad de los niños". También lo incorporaré si puedo. Saludos y gracias.