viernes, 7 de septiembre de 2007

En estas fechas,... un poco de generosidad, por favor ! (aunque, bueno,... ¡ nadie es perfecto !)

No, no crean que este sea un mensaje navideño, ni una petición de ayuda para una buena causa, y además, posiblemente, será éste un artículo demasiado largo, y hasta políticamente incorrecto.

Si quieren la versión corta, quédense sólo con el título de este mensaje.

Hablaré de docentes, y de estas fechas, después de las vacaciones de verano, Cada año se repite, más o menos, el mismo ritual en los centros educativos: bienvenidas, saludos, incertidumbres ante el nuevo curso: cuántos grupos tendremos, qué asignaturas impartiremos, qué compañeros tendremos, qué alumnado vendrá. Buenas intenciones, proyectos, ideas...

Pero esto pasa pronto, porque llega el día de las lamentaciones, el día del reparto de horarios. Allí volvemos todos a ser niños y niñas repartiéndose un minúsculo pastel. Nuestra mente se estrecha y pasamos a pensar sólo en nosotros, en si entraremos más tarde o más pronto, en si trabajaremos mucho o poco, y mientras, miramos de reojo el plato ajeno, medimos, comparamos, y nos quejamos... demasiado.

Ese día se acaba el grupo, si es que alguna vez lo hubo. Se acaba el pensar en objetivos, en nuestros alumnos, en mejorar nuestro alrededor, en tener proyectos de futuro. Es como las navidades, pero al revés, por unos días se acaban los amigos, los proyectos y el sentido común. Llegará un día en que terminaremos por sellar el acuerdo con una comida de principio de curso, pero siempre habrá quien seguirá meses mascullando por aquella hora de los lunes, o por aquel o aquella compañera a quien le tocó un pedazo mayor de pastel. Y eso sin olvidar a aquellos/as que directamente se desentenderán del resto, porque para ellos/as en eso consiste este trabajo: vienes, te asignan un horario, lo cumples y ya está.

Siento generalizar porque eso siempre es malo, y ya sé que no todo el mundo actúa igual, quizás se trate sólo de unos pocos/as. Y alguien incluso podré pedirme: dame nombres, casos concretos... pero tan injusto será callar ahora como nombrarlos, porque yo no sé sus causas, sus motivos, o su entrenamiento previo, y hasta puede que eso esté en nuestra naturaleza, en nuestro tipo de trabajo, o en nuestra forma de actuar (aunque no, yo no lo creo).

Tan sólo pido ahora, y desde aquí, para estos días, y para muchos más, si se puede, algo más de reflexión, de generosidad y de compañerismo. Ya sé que eso ni está pagado ni puntúa, ni descuenta horas, pero seguramente tiene más valor final. Y no lo dejen para navidades, regálenlo ahora.

Porque, si se supone que trabajamos educando, ¿qué actitud creen que transmitiremos así a nuestro alumnado?

A mí me gustaría que durante este curso, cuando alguno de nosotros/as, los que pasamos horas enseñando, necesitemos alguna ayuda, consejo o tiempo, y nos demos la vuelta, encontremos alguien cerca, y no saliendo por la puerta, o mirando hacia otro lado, alguien capaz de alegrarse y no de lamentar su suerte, alguien que esté vivo, y no un simple tablón en la pared.

¿Qué nadie me mandó escribir esto? por supuesto, ¿qué ya somos mayorcitos? pues también, ¿y qué esto sobraba? puede ser, pero para mí no,... ustedes dirán... y además ya saben:

"bueno...nadie es perfecto" ("con faldas y a lo loco", 1959)



Saludos y feliz comienzo de curso.

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4 comentarios:

Olga dijo...

BIenvenido de vuelta al curro.
La verdad es que la entrega del horario es el momento más difícl del curso, comparable con las evaluaciones finales de los cursos terminales de etapa.
La tensión se entiende si uno comtempla el horario como el eje en el que tiene que articular su vida durante nueve meses: ya sabes: llevar a los niños al cole, compartir coche para ir al insti, salir a tiempo para hacer la compra, o tener las tarde que te permitan ir a clase de alemán.
Pero cuando se convierte en una cuestión personal, en un ataque de celos... yuyu.
¿Te has dado cuenta de que de lo que menos se discute es de los "criterios pedagógicos" que se aplican para su elaboración? ¿Por qué será?... ;-)
Yo pondría horarios uniformes: todos en el centro de 8 a 3, como los demás funcionarios...jejejeje

Pedro Villarrubia dijo...

Estuve. Olga, por moderar tu comentario, en especial la frase final. ¿de 8 a 3? por favor, nooo!! ¿más funcionarios todavía? informes triplicados, instancias y circulares, ¡no..gracias!

Precisamente yo abogaría por un horario más flexible, más sentido común, más pensar en nuestro alumnado y un plus de colaboración.

Ya, el "funcionarizar" a nuestro alumnado, educándolo de 8 a 2, y dejar el resto del día para la educación televisiva, familiar y social me parece un atraso decimonónico de origen industrial, pero mantenerlo y ampliarlo en pleno siglo XXI tan sólo sería muestra de nuestra falta de inteligencia.

Saludos cordiales ;-)

Olga dijo...

Claro que estoy de aceurdo contigo, lod 8 a 3 es una ironía... ya sabes porqué.
No me voy a poner a estas alturas anti-sindicalista, faltaría más.
(Pero reconoce que entran ganas...)
Ahhh, menos mal que no me has tocado la frase final, que de censuras ya anduvimos escaldados en cierto curso...
(Esto sí que lo puedes "moderar").

Pedro Villarrubia dijo...

Bueno, Olga, no nos moderemos. Yo también puse una sonrisa final. Lo que pasa es que a veces se pone uno demasiado serio, cosas de la edad >:-C , pero prometo desmoderarme lo más a menudo que pueda.