domingo, 6 de mayo de 2007

Pedagogía de la muerte ¿otra asignatura pendiente?

Este fin de semana falleció el padre de una amiga. En principio me costó acudir a darle el pésame. Sólo me venían recuerdos de mi padre. Terminé asistiendo al entierro, entrando en un cementerio después de diez años,...me encontré torpe, inerte...

Dudaba yo, en principio, de la pertinencia de escribir este post aquí.
Porque ¿qué tiene que ver la muerte con un blog educativo, con los discentes, con los alumnos?
¿Y con la innovación educativa?

Pues quizás sí. Si se incluyese en la educación del futuro la enseñanza de los sentimientos, esa inteligencia emocional que tan de moda estuvo hace unos años, no como una mera clasificación fría o psicológica, sino como un entrenamiento en la captación, en la reflexión y en la expresión de los sentimientos, practicando aspectos como la empatía o el diálogo, quizás pudiesemos alcanzar esos objetivos que día a día parecen más lejanos: integrar al alumnado, motivarlo, mejorar sus conocimientos, educarlo para la vida.

Y para la muerte. Me sorprendió la visión de la muerte cercana que nos muestra Steve Jobs, CEO de Apple, en su charla a los estudiantes de una universidad americana, curiosamente titulada "una lección de vida", mostrada en el blog de Javier Úbeda.

Porque si en el buscador de Google escribimos pedagogía de la muerte encontraremos que ese concepto existe, aunque nos guste mirar para otro lado. Y encontraremos trabajos como los de Concepción Poch, o de Agustín de la Herrán que nos hablan de la ocultación de la muerte en nuestra sociedad, del mirar para otro lado, o callar cuando el momento llega, de la reducción a datos, números, porcentajes, de esas muertes diarias. Hemos establecido que es algo personal, familiar, ajeno, oculto a los demás. La enfermedad, la pena, la muerte no existen. Para nosotros son sólo números.

Por eso me sorprendo al encontrarme artículos como los de Antonio Estevan Los accidentes de automóvil: una matanza calculada donde se van desmontando los mitos que la industria automóvilistica y ciertos gobiernos nos cuentan acerca de las estadísticas, de la discutible inevitabilidad de los accidentes de tráfico y de la supuesta mayor seguridad de los vehículos más nuevos.

Resulta interesante comprobar que lo que aquí se toma como un recuento de víctimas "inevitables", en otros paises como Suecia, empieza a tratarse ya como una pandemia, y a tomar las medidas más lógicas, que pasan, pese a quien pese, a nuestros Fernandos Alonsos o Valentinos Rossis, a las industrias automovilísticas, y a nuestras autoridades, por la limitación de la velocidad y del uso del automóvil. Como antes las industrias del tabaco y la sociedad debieron asumir las muertes y enfermedades causadas, ahora deberá ser la industria del automóvil y la sociedad las que asuman un uso más racional en el transporte de personas.

Pero quizás me he alejado algo de mi inicio. ¿Serían estas palabras válidas para nuestros alumnos? ¿entraría esta materia en algún currículum? ¿Rescataríamos materias hoy casi olvidadas como la música, la plástica, el teatro, para ayudar a comprender o expresar los sentimientos ante la muerte?

Quizás debiéramos intentar volver al "Carpe Diem" del Club de los Poetas Muertos, enseñar a vivir como nos dijeron muchos, entre ellos Steve Jobs, como si mañana pudiera ser el último día de nuestra vida.

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